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Mayo 16, 2005

Estudiando en casa

Era una calurosa tarde del mes de junio en la que como todas las de este dichoso mes, no se presentaba otro plan mejor que estudiar para los horribles exámenes que había todas las semanas, sin apenas dejar tomarte un respiro.

El de la próxima semana era el de economía; y, no es por echarme flores, pero siempre se han dado bastante bien los números por lo que no estaba demasiado preocupada. A media tarde, suena el teléfono. He de decir, que Héctor y Jorge han sido siempre unos de mis mejores amigos de la facultad, con los que hasta ese momento había compartido "casi de todo", y con los cuales había mucha confianza. A la media hora, Noe y yo estábamos a la puerta de la casa de Héctor, ya que por suerte vivimos todos en la misma urbanización. Allí estaban los dos esperándonos en una habitación llena de folios y apuntes por todos los lados... y tras unas cuantas bromas sin sentido, nos pusimos a estudiar. Pero, el calor de esa casa era insoportable, por lo que yo me decidí a quitarme la camiseta, quedándome con un sujetador rosa fucsia, precioso de encajes, puesto que como era semejante a un bikini, no había razón para que me diera corte. Al momento decidimos hacer un descanso, y fuimos al cuarto de Héctor, que tiene una cama enorme y una televisión increíble, y Noe, me imito, quedándose en un sujetador negro de tirante muy fino que le levantaba mucho las tetitas. Noe es una chica bastante guapa. Una morenaza de pelo liso y ojos negros y por cierto con muy buen tipo. Yo en cambio, tengo la piel blanquita, y ojos verdes, el pelo rubio y para que negarlo, también tengo bastante buen cuerpo. En la cama de Héctor, empezamos a bromear tirandonos las almohadas, y pegándonos con ellas, juego que en unos minutos dejó de ser inofensivo. Poco a poco, yo iba notando como tanto a Jorge como a Héctor se les iba poniendo bastante dura, tanto que se le notaba perfectamente a través de los pantalones. Supongo que Noe también se dio cuenta, porque me dedicó una sonrisilla picarona de las suyas. Sin darme cuenta tenia a Héctor entre mis piernas y mientras le pegaba con el almohadón, saltaba un poquito encima de su pene... me gustaba sentirlo duro, esos rozamientos son una de las cosas que me excitan muchísimo, así que supongo que ellos se dieron cuenta de mi calentón, cosa que por otra parte no me importaba.

Seguimos un rato mas jugando, frotándonos, calentándonos... con caras de que no estaba pasando nada... Hasta que al poco rato, no sé exactamente porque, Jorge nos pregunto que si Noe y yo seriamos capaces de darnos un beso en la boca. Sin pensarlo, Noe me agarró de la nuca y me propinó uno de sus suaves besos. Los chicos no se conformaron con eso, porque no había sido "con lengua" por lo que, sin cortarnos ni un pelo, Noe y yo juntamos nuestros labios entrecruzando nuestras jugosas lenguas, por un momento. Posteriormente nos miramos a los ojos y sin intercambiar palabra seguimos con nuestro juego: nos mordisqueábamos los labios el cuello mientras mis dedos jugaban con su culito apretado por unos pantalones levi´s que le sentaban súper bien. Ella en cambio comenzó a tocarme los pezones, metiendome la mano por dentro del sujetador, los cuales en un momento estaban totalmente erectos. Los chicos no daban crédito a sus ojos, y tenían entre otras cosas una cara de incredulidad y de morbo exacerbado que era digna de una foto. Noe y yo continuamos con nuestras caricias, cada vez más calientes, entre tanto soltábamos algún gemidito, pues sabemos que a los tíos los pone calentísimos. Tanto fue así, que Jorge no pudo contener el placer que albergaba el tremendo espectáculo que le estábamos ofreciendo que no dudó en comenzar a masajearse su pene que por poco se salía de los pantalones de tanta sangre tenia acumulada. Al minuto Héctor lo acompañaba, frotándose su polla por encima del pantalón. No se me ocurrió hacer otra cosa que acercarme a Jorge y desabrocharle el botón con la boca (cosa en la que tengo habilidad) bajarle la cremallera y sacar su fabuloso pene de debajo de los calzoncillos. Intuitivamente lo empecé a lamer... ya estaba mojadito, como a mí me gustan, llenito de liquido preseminal. Entre tanto, Noe me desabrochó los pantalones y me los quitó dejando mi tanguita rosa a descubierto. Comenzó a frotarme por detrás el clítoris, cosa que realmente me estremece, me vuelve loca, por lo que me metí toda la polla de Jorge en la boca y comencé a lamerla como si fuera la última que chuparía en mi vida.

Héctor no se quedo ajeno al espectáculo, y enseguida comenzó a desnudar a Noe: le desabrochó el sujetador, dejando sus sabrosos pezones al aire, y comenzó a lamérselos, mientras la besaba en la boca. Entre tanta excitación le despojé de sus ropas a ambos chicos, y Noe se quitó los pantalones. Era totalmente surrealista... pero hubiera deseado que durara siempre. Me senté encima de la polla de Héctor, que era enorme, y estaba bien dura. Primero jugué con su prepucio y posteriormente me la introduje hasta el fondo, dando un gritito de placer. Jorge, le estaba comiendo el coño a Noe... esas vistas realmente me enloquecían. Noe estaba echada boca arriba con las piernas abiertísimas y Jorge agachado en su pubis estaba devorando hasta la última gota de liquido que salía de su cuerpo. Enseguida Noe tuvo su primer orgasmo. Yo seguía montando encima de Héctor, cada vez mas enérgicamente mientas noté como se chupaba un dedito y me lo iba introduciendo por el culito... uff!! eso me encanta. Poco a poco, en lugar de un dedito eran dos, y mi excitación era más considerable, hasta llegar al que seria mi primer orgasmo. En un momento cambiamos de posición, esa situación era única y por nada del mundo la iba a dejar escapar sin probar mis fantasías más oscuras. Me puse a cuatro patas, mientras Héctor me daba por el culito, muy suave, yo le comía el coño a Noe. Su coño es sabrosísimo, y estaba depiladito. Me trague todos sus flujos mientras ella gemía del placer. Jorge se puso debajo de mí, y comenzó a penetrarme por delante. Nunca había sentido la sensación de tener dos pollas dentro, me pareció inigualable, no hubiera parado nunca, tenia un calenton que solo de pensarlo me estoy poniendo húmeda. Sin poder parar lamía el clítoris de Noe con todas mis fuerzas hasta que ella llego a otro orgasmo, gritando con fuerza, por lo que seguidamente las voces y sus flujos me pusieron tanto que llegue yo al mío. Los chicos no pudieron evitarlo y al poco Héctor se corrió en mi culito que chorreaba de leche, y Jorge en la boca de Noe que como buena chica se trago todo todito y no dejo ni gota. Agotados y tendidos en la cama acabó nuestro día, realmente no estudiamos mucha economía, pero mereció la pena. Alguna vez hemos hablado de lo que sucedió, pero por desgracia nunca se ha vuelto a repetir... todavía!.

Llongueras, moda para el cabello, Un profesional innovador que se adapta a todo tipo de corrientes, a todo tipo de evolución y a los nuevos tiempos nunca hubiera podido obviar un fenómeno tan libre y actual como la mujer que quiere cuidarse pero necesita tiempo, confort y naturalidad. Llongueras mezcla tiempo, confort y naturalidad en un único lema 'De la ducha a la calle', en contra del refrán 'para presumir hay que sufrir'. La mujer puede presumir con la naturalidad y el confort que se le exige a un buen peinado sin renunciar a la moda más actual. Este profesional, que va siempre unido a la moda sin temer a los cambios ni a la innovación y que siempre es sinónimo de buen hacer en lo que se refiere al cuidado del cabello, posee desde 1997 su propia web personal. El espacio de la moda, a la inversa que la sociedad, es un universo con cara de mujer y cambiar lo establecido es complicado. Además, al contrario de lo que sucede en la mayoría de las profesiones, los modelos masculinos ganan menos dinero que las féminas. Esto demuestra que, ser modelo no es tan sencillo como algunos lo pintan, aunque desde luego hay que decir que a algunos les ha ido muy bien. La moda se inventó originariamente para la mujer, lo que significa que los hombres han tenido que ir introduciéndose en este mundo muy poco a poco, ayudados por el cambio de la sociedad que ha evolucionado hacia otros derroteros menos machistas. Ansioso de saborearla, acaricié, besé, lamí todo su cuerpo. Me embriagaba el perfume de su piel, me encantaba rozar sus duros pezones con la punta de mi lengua. Al final, mis labios se posaron entre sus piernas, en ese sitio que tanto había gozado ya durante la última hora. Lamí sus labios, separándolos con mi lengua, besé la parte interior de sus piernas, succioné su clítoris que pronto había vuelto a asomar a mi encuentro, bebí de la dulce miel que ella me ofrecía. Cristina mordía su labio inferior, tratando de evitar sus incontenibles gemidos, sus manos se aferraban a las sábanas y su cuerpo se estremecía con súbitas sacudidas de placer. Tras unos minutos, ella rompió en un ruidoso orgasmo, gritando mi nombre, pidiéndome más.

Escrito por: Miguel | 11:05 AM | Comments (0)

Mayo 05, 2005

Mi primer trabajo

Aún recuerdo cuando fui a trabajar a aquel pueblo perdido entre los montes. Yo había obtenido mi título de medicina el mes de junio y, en agosto, surgió mi primer trabajo. Se trataba de sustituir en sus funciones al médico titular de aquella localidad de la que tantas cosas tengo guardadas para el resto de mis días.

El autobús de línea bordeaba aquellos cerros dorados por el pasto y el aire tórrido del verano mientras yo sentía como me embargaba una mezcla de sopor y nerviosismo. Me iba a enfrentar a mis primeros pacientes, tenía que pasar entre aquellas casas ya visibles a lo lejos un mes completo, sin poderme mover del lugar (en aquella época el servicio era continuado). Cunas (ese era el nombre del pueblo) apenas sí llegaba al millar de habitantes. La noche de mi llegada mantuve una entrevista con el alcalde quién me mostró el consultorio y me acompañó e intercedió por mí en todo lo referente al hospedaje. De esa forma terminé en aquella casa, que, sin ser posada de forma establecida, había pertenecido a una señora la cual daba hospedaje a médicos, veterinarios, músicos de fiestas, y todo tipo de transeúntes y trabajadores temporales que tuviesen que pernoctar por alguna circunstancia. La propietaria había fallecido en el último año y la casa pertenecía a su hijo, el cual se dedicaba al comercio y la representación de comestibles por lo que pasaba la práctica totalidad del tiempo fuera del pueblo, dejando las labores de la casa a Luisa, su joven esposa y madre de una criatura de poco menos de un año. Cada día, terminaba la consulta tarde, siempre después de las dos del mediodía. Luisa tenía la deferencia de esperarme para almorzar juntos. Procedente de un patio con abundantes flores, a través de una cortina la luz implacable de agosto penetraba en visillos a aquella estancia impregnada por el frescor y la textura que el aire adquiere en las casas antiguas. La joven dueña era una mujer afable, servicial, educada y bastante sensual. Tenía los ojos grandes, realzados por un tenue contorno de lápiz. Sus iris eran de color miel y parecían que te iban a tragar cuando te miraban fijamente. Para estar en casa recogía sus cabellos teñidos de un rubio ya suplantado por vetas de su oscuro color natural en un moño que coronaba graciosamente el vértex de su cabeza, y que junto con el resto de sus rasgos y sus ademanes la dotaba de una vistosidad especial. Vestía un vestido blanco de lino, extremadamente delicado y transparente que permitía al contraluz de la puerta del jardín adivinar la suavidad del contorno de sus muslos, su cintura y cuando se ponía de perfil, también sus pechitos. Como era consciente de lo que mostraba al trasluz, solía levantarse de la mesa con frecuencia e ir a la cocina pasando por delante de aquellos haces de luz, dándose perfecta cuenta que atraía mi mirada como un imán en cada uno de sus pasos. A la hora de la cena, ya con su marido presente, solía cuidar mucho más su atuendo y esos ademanes que transportaban la imaginación de cualquiera a delirios furtivos y exquisitos. Cada día, con el sopor del almuerzo a cuestas, me retiraba a mi dormitorio y me gustaba fantasear con aquella mujer acariciando mi pene poquito a poco hasta que daba espasmos con mi pelvis y mi semen afloraba a presión para quedarme dormido después con el gusto apacible de haber tenido un orgasmo a su salud.

Cierto día el trabajo de la mañana fue agotador, cuando llegué a la casa Luisa había almorzado ya, teniendo en cuenta que era las cuatro de la tarde. Un calor abrasador se descolgaba del cielo agosteño mientras en la penumbra de aquella sala Luisa platicaba conmigo recostada en un aparador. Se mantuvo de pie, con sus piernas cruzadas y apoyada en el mueble cuya arista se hundía en su culo y resaltaba por arriba sus exquisitas nalgas. Vestía una bata muy fina y escasa que abrochaba por delante y dejaba ver su piel entre un botón y otro, porque ella se las ingeniaba para arquear su cuerpo y que resultase la tela ajustada; a nivel de la cintura, entre dos botones vislumbré el triángulo blanco de su braguita, oscurecido tal vez por la mata de pelos que albergaba entre sus piernas; Ella era una pura sonrisa mientras hablaba. Yo me estaba parando de verdad, no podía dejar de pensar en lo riquísimo que sería hacerlo con ella, Luisa se daba perfecta cuenta y adoptaba posturas cada vez más insinuantes, más provocativas. Decidió sentarse y al hacerlo cruzó las piernas de manera que dejaba ver toda la cara posterior de su muslo derecho, terso, con una sutilísima irregularidad de su piel por la celulitis incipiente que más que afearla la hacía aún más apetecible. A mí me caían gotas de sudor por la frente, mientras mi paquete se abultaba de forma tan brutal que tenía serias dificultades para disimularlo. Notando mi nerviosismo, hizo un movimiento con las piernas disimulando adoptar una postura natural pero el resultado fue darme a ver otra parte de la piel de sus muslos que antes estaba oculta. Yo estaba deseando de terminar mi comida ante la idea de masturbarme antes de dormir la siesta. La seguí por pasillos que desconocía, iba delante de mí moviendo su culito con una gracia y sensualidad apasionante. Yo creo que estaba asegurando al máximo la probabilidad de que me lanzara, de que le metiera mano, estaba haciendo todos los méritos a su alcance habidos y por haber, me estaba condicionando con toda su conducta a ser el único culpable si la cosa no salía bien.

Subió la escalera delante de mí, y mis ojos se clavaron en sus corvas y lo que se podía ver por encima de ellas. Un calor se me subía a la cara de pensar la enorme decisión que debía tomar sólo unos minutos después: lanzarme o no lanzarme. Por supuesto un rechazo podía traer consecuencias graves para mí en aquellas circunstancias de mi vida, pero pensar el gusto que debía dar tener la verga entre aquellas piernas me hacía olvidarme de todas las contrariedades posibles. Salió de su habitación con el pequeño dormido en brazos y después de acostarlo en otra cama me hizo pasar. Se desabrochaba el vestido comenzando por el botón inferior y rápidamente éste se descolgó de su cuerpo. No llevaba sujetador, sus pechos me parecieron una aparición, grandes, enhiestos, con sus bodes perfectamente curvados y simétricos y sus pezones rosados, centrados en una areola no demasiado amplia, dóciles, tiernos, susceptibles de ser lamidos, mordidos hasta la saciedad. Su braguita era finísima, apenas sí dejaba un triángulo por delante y detrás por el lado del cual salían algunos vellos cortitos y caracoleados. Traté de palpar de forma profunda y superficial todo su abdomen, le interrogué si tenía molestias en las mamas y aproveché para palparlas también, rozando intencionadamente como quién no quiere hacerlo el índice por sus pezones para sacárselos y sentirlos duritos. Mi polla estaba a punto de estallar.

Ella puso su dedo índice en mi boca y me insinuó que me callase mientras desabrochaba poco a poco mi camisa y hundía su barbilla en mi pecho buscando con sus labios mis pezones. Empezó a succionármelos mientras su mano, que descansaba en mi rodilla ascendía lentamente por mi muslo hasta mi bragueta. Facilité lo que intentaba y mi polla salió como liberada de una opresión. Comenzó a masajearla deslizando la piel atrás y a delante y yo sentía algo riquísimo que me llegaba de mis genitales a mi cerebro, pero mi obsesión en aquel momento era degustar su cuerpo, lamerlo, morderlo, succionarlo todo, así que inmovilicé su muñeca que había iniciado una masturbación deliciosa sobre mi polla, le saqué sus braguitas y me bajé a su pubis, recortadito, perfectamente triangular…hurgué con mis dedos entre sus vellos hasta tocar su rajita rosada, húmeda y caliente, bajé mis labios hasta allí y comencé con una suave presión de ellos contra aquella delicia. Una vez que tenía mis labios empapado de aquel jugo mi lengua salió entre ellos buscando avanzar hasta aquel huequito derretido de excitación y tras traerme con una suave presión sus pliegues carnosos y devorarlos con todo el inimaginable juego de tactos que se puede llevar a cabo entre dos mucosas, mi lengua entró en su coño. La sentí rodeada de la presión de sus paredes y me costaba mantenerla erguida, fuera, noté su clítoris tenso en la punta de mi nariz. Como me costaba mantener un movimiento de mi lengua dentro de una cavidad que tendía a cerrarse sobre ella, me limité a sostenerla fuera con una tensión que me nacía del mismo cuello y a empujar y sacar mi cara de aquel tesoro, de forma que literalmente la estaba follando con la lengua. Fui testigo de las sacudidas que daba su pelvis. Inundaba mi boca un jugo ligeramente ácido que le chorreaba a ambos lados de mi lengua, la cual estaba literalmente tragada por su coño. Cuando ya no pude soportar más aquella tensión que invadía toda mi boca esperé un momento de relajación de Luisa - porque así entendía que había tenido un orgasmo- para retirar mi cara de sus riquísimos y mullidos muslos.

Escrito por: Miguel | 11:02 AM | Comments (0)