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Abril 30, 2005

Navidad en un bar

Me despedí de mi marido con un beso y él añadió con el burlón comentario, que me portase bien. Eran las vísperas de las navidades y habíamos quedado siete compañeras del trabajo para ir a almorzar a un bar que precisamente yo había elegido, porque sabía que se comía bastante bien de haber ido anteriormente con mi marido.

Me arregle para la ocasión con una falda de cuero negra por encima de la rodilla, una camisa también negra y algo desabotonada, lo suficiente como para que se me viera el canalillo de mis pechos, que tengo que reconocer que son de lo más sexys y unas botas también altas de piel negra de tacón que junto con mí 1,70 me hacia verme bastante bien. Cuando llegue al bar ya había algunas de mis compañeras esperando y cuando estuvimos todas entramos y nos acomodaron en una mesa que ya anteriormente había reservado. Al ser un día entre semana el bar estaba solo ha esas horas y los tres camareros del bar nos atendían con los consiguientes comentarios picarones al ser también un grupo de mujeres. Mientras almorzábamos me tome tres copas de rioja y me note que estaba algo mareadilla. A la misma vez note que uno de los tres camareros cada vez que me servía me rozaba con su paquete de forma muy sutil en mi hombro y me miraba de forma nerviosa mi camisa algo entre abierta y mis mulos con mis medias negras, por lo que su paquete cambiaba de tamaño. Mis compañeras notaron algo por lo que hubo alguna mirada cómplice y alguno que otro guiño. Cuando estábamos en los principios del postre pedí disculpas mis compañeras y me dirigí a los W.C. porque tenía la vejiga con la bebida que me iba a estallar y de camino darme algún toque de maquillaje. Los servicios no eran muy grandes pero si estaban muy limpios con un dulce y suave aroma de ambientador. Me senté, me baje mis medias y mis braguitas y estaba en ese momento de placer cuando no puedes más y sueltas toda tu orina, cuando se abrió la puerta del servicio y entró el camarero que no me quitaba ojo. Me dí cuenta que no había echado el cerrojo de la puerta. Se acercó hasta mí sin decir ni una sola palabra y sin dejar de mirarme de forma que me dejo totalmente petrificada y sin poder reaccionar, tal vez por la situación y también quizás por las copas de más.

Era alto 1,80 m aproximadamente, de cuerpo atlético, su pelo muy corto y una mirada tímida pero muy penetrante. Cuando estuvo a medio metro de mí se abrió la cremallera de su pantalón y sacó una enorme polla que ya mi hombro se había encargado de calentarla. Yo seguía sentada de forma ridícula y la orina se había cortado por la situación. El se acercó y me cogió con sus manos ambos lados de mi cara y me introdujo el caliente y latente polla en la boca. Estaba como drogada, el corazón me latía a mil por hora, al principio no reaccioné, pero el con sus manos me acompañó y mi boca fue chupando aquella enorme verga. Tenía perdida la noción del tiempo y del espacio, sentía como de nuevo empezaba brotar el orín de mi coño y la saliva no la podía contener dentro de mi boca. Mientras orinaba él metió la mano por mis muslos y toco mi coño mientras meaba. Me dio placer y llegué a mi primer orgasmo, mientras devoraba su polla con mas ansiedad. Me abrió la blusa y empezó a jugar con mis tetas con sus manos mojadas por mis orines. Se arrodillo ante mí me tiro de las rodillas para él y metió la cara entre mis piernas devorando mi mojado coño de flujo y de orín y chupándomelo como si de un salvaje se tratara. Yo ya en ese momento me sentía totalmente perdida y me dejaba llevar totalmente por la situación. La falda de cuero la tenía enrollada en mi cintura, la blusa abierta dejaba mis pechos totalmente a lo que quisieran hacer con ellos, mis labios brillantes por la saliva de la felación y mi mirada perdida pero sin dejar de mirar aquella polla que latía y que sabía que me iba a penetrar. Me puso en pie me puso mirando para la pared me abrió algo las piernas, a lo que yo le facilité sacándole algo el culito y me mostré dispuesta a recibir aquel fantástico regalo. Me cogió por la cintura y note como me clavaba con ansiedad aquella caliente polla dentro de mi vagina, a lo que le respondí con un enorme suspiro de placer. Mientras me penetraba con fuerza me cogió mis tetas desde atrás y comenzó a masajeármelas y pellizcarme los pezones, por lo que llegue de nuevo a un enorme orgasmo.

El al notar como le movía mi culo con el orgasmo que estaba teniendo, no pudo contenerse mas y note como su polla le había engordado y soltaba dentro de mi coño calientes cantidades de su semen. Yo al notar como aquel chaval se corría dentro de mi, no pude evitar tener un nuevo orgasmo y sentir que me meaba de placer, llenando todas mis medias. Me dio la vuelta de nuevo y me besó metiéndome la lengua hasta la campanilla y sin dejar de tocarme mi mojado coño. Se separó se subió la cremallera de su pantalón y se marchó de la misma forma que había llegado. Me quedé allí un momento aturdida por lo que había pasado. Me arregle algo me quite las medias y salí. Todas mis compañeras me miraban con cara de asombro imaginándose lo que había ocurrido, pero ninguna hizo comentario alguno. Le dije que me disculparan que me encontraba algo mareada. Tenía perdida la noción del tiempo y del espacio, sentía como de nuevo empezaba brotar el orín de mi coño y la saliva no la podía contener dentro de mi boca. Mientras orinaba él metió la mano por mis muslos y toco mi coño mientras meaba. Me dio placer y llegué a mi primer orgasmo, mientras devoraba su polla con mas ansiedad. Me abrió la blusa y empezó a jugar con mis tetas con sus manos mojadas por mis orines. Eran las vísperas de las navidades y habíamos quedado siete compañeras del trabajo para ir a almorzar a un bar que precisamente yo había elegido, porque sabía que se comía bastante bien de haber ido anteriormente con mi marido. Cuando llegue a casa me esperaba mi marido, y me preguntó que tal me lo había pasado. Los servicios no eran muy grandes pero si estaban muy limpios con un dulce y suave aroma de ambientador. Le contesté que bien, que había bebido algo y que estaba algo mareada. Le besé y le dije que por favor que me hiciera el amor.

Me llamo Silvia, tengo 27 años, he estado casada los últimos cuatro años y me he separado hace un mes, el motivo fue, que mientras yo estaba de vacaciones, mi marido se lió con su secretaria, encontrándole un día que regresé de improviso en nuestra cama, por lo que nuestra separación fue rápida y de total acuerdo. Desde que empecé secundaria, he tenido una gran amiga, su nombre es Ana, siempre está dispuesta a escucharte, ayudarte, físicamente es un poco más alta que yo, posee unos senos redondos que se le aguantan perfectamente sin necesidad de sostenedor, cintura estrecha y unas caderas proporcionadas que le hacen lucir un culo perfecto, según ella yo tampoco estoy nada mal. Con Ana hemos vivido los primeros escarceos amorosos y siempre hemos estado muy unidas hasta que las dos nos casamos. No logramos que nuestros maridos congeniaran y a pesar de que nosotras dos continuábamos viéndonos, perdimos un poco la relación y nos distanciamos un poco. Al enterarse Ana de mi separación, dijo que teníamos que reanudar nuestra relación igual que antes de nuestros respectivos matrimonios, ya que Juan su marido le había dicho innumerables veces que no entendía como una chica agradable y guapa como yo, se había enamorado y casado con un engreído y estúpido como mi marido. Así que empezamos a salir los tres juntos una vez por semana al cine o al teatro y después nos íbamos a un pub y hablábamos de la actualidad o lo que habíamos visto. Contesté un poco en broma, pero también había parte de verdad en mis palabras. Salimos de la cafetería y durante el trayecto hasta casa de Ana, la conversación giró sobre sexo. Como se comportaba mi ex en la cama, lo que más le gustaba sexualmente a Juan.

Escrito por: Miguel | 10:57 AM | Comments (0)

Abril 06, 2005

La curiosidad

Ya estábamos los tres desnudos, y entonces Eva, con sus tetazas embadurnadas en mi flujo, puso mi polla entre ellas y empezó a moverlas de arriba a abajo, chupándola o lamiéndole la punta de vez en cuando.

A Eva se le empezaron a escapar lo gemidos y pronto los tres estábamos gimiendo como animales. Eva también puso sus manos en mi polla para impregnarlas de mi flujo y ponerlo en sus tetas. Estaba claro que eso le excitaba, y mientras Ana no paraba de besarla apasionadamente, metiendo su lengua profundamente en su boca. Cuando ya habían limpiado casi totalmente mi polla erecta de tanto flujo, Eva se acercó y se metió mi polla en la boca, poco a poco, pero entera, hasta que resbaló por su garganta. Sentí un placer enorme con aquella mamada tan profunda, notaba mi polla entrar y salir de su garganta y en ningún momento la dejó salir de su boca, que estaba ardiendo. Yo notaba como de mi polla no paraba de salir más y más flujo, tanto que hasta yo me quedé sorprendido, y sentía como a ella le encantaba, lo relamía con su lengua directamente de la cabeza de mi polla y luego se lo bebía. Mientras Eva se estremecía con mi polla en su boca, Ana me desnudaba lentamente, luego se desnudó ella y finalmente desnudó a Eva. Ana se colocó sobre mí, de pie sobre el sofá, y se agachó ligeramente hasta dejar su almeja abierta y chorreando su líquido frente a mi boca. Yo no dudé y comencé a comerle el coño suavemente, introduciendo mi lengua en él todo lo que podía. Ella gritaba de placer, y a veces se inclinaba para besar a Eva, chupar mi polla o lamerle sus tetas. Luego Eva se separó un poco, me volvió a hacer esa mamada profunda que por poco me hace perder el control y correrme sin remedio. Pero pude controlarme y al sacar mi polla de su boca, Ana que estaba inclinada sobre mí, se agachó un poco más y mientras sujetaba mi polla con una mano, la introdujo poco a poco hasta el fondo de su vagina. Eva se levantó y se puso frente a nosotros, y mientras miraba cómo Ana me follaba ella le ponía sus pezones a ella en la boca, y Ana los chupaba con placer, mientras Eva seguía gimiendo. Luego de un momento Ana se corrió por primera vez, mientras me follaba y chupaba los pezones y metía sus dedos en el coñito de Eva, de pié frente a nosotros.

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Tras correrse, Ana se quitó de encime de mí y se puso frente a mí de rodillas, y Eva se puso a su lado. Ana metía su mano en su entrepierna llena de flujo tras un gran orgasmo y lo pasaba por mi polla, por sus tetas, por las tetas de Eva y hasta metía sus dedos llenos de su flujo en la boca de Eva, que le chupaba los dedos húmedos con gran placer. Entonces comenzaron las dos a lamerme y chuparme la polla, cada vez más rápido y más fuerte. Ana me cogía el rabo con fuerza, pero Eva era más delicada, y masajeaba suavemente mis huevos. Empezaron a chuparme los huevos, tirando de ellos para introducirlos en sus bocas, mientras masajeaban sin parar mi polla. Yo empecé a pensar que lo que quería Ana es que me corriera para chupar mi leche junto con Eva, y empecé a relajarme pensando de correrme en unos minutos, ya que tenía la polla y los huevos a reventar. Pero me sorprendió cuando Eva se subió sobre mí y se sentó con mi polla dentro de su coño y sus tetas en mi boca. Ana se subió al sofá también y se colocó entre los dos para que Eva pudiera lamerle el coño mientras me follaba. Al estar inclinada sobre mí, yo no paraba de chuparles las tetas a las dos. Las de Eva, que eran mucho más grandes, a veces dejaban escapar algo de leche de sus pezones. Y eso me excitaba muchísimo. Las tenía agarradas con mis manos con fuerza, ella lo disfrutaba, y chupaba con fuerza de sus pezones, al tiempo que los mordisqueaba suavemente. Eva no paraba de gemir, Ana volvía a gritar de placer y el tono de los gemidos de los tres iba in crescendo. Eva ya daba botes sobre mi polla que era como una estaca, saliendo y entrando por sí sola de su coño empapado.

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De pronto empecé a sentir como su coño se contraía con fuerza agarrando fuertemente mi polla, Eva empezó a gritar como una posesa sin parar de dar botes ni de chuparle el coño a Ana, que comenzó a correrse por segunda vez, cayendo toda su corrida sobre mi abdomen, mientras yo sentía cómo el coño de Eva ahora latía de placer y al no poder soportarlo más, descargué mi leche dentro de su coño y me corrí como nunca me había corrido antes. Los tres empezamos a suspirar y a gemir suavemente, acariciándonos mutuamente. Luego Eva se puso de pié y abrió sus piernas. Al hacerlo empezó a manar sin parar toda mi leche de dentro de su coñito, bastante sonrosado, y Ana se arrodilló frente a ella y lamió todo lo que iba saliendo de su interior, poniendo mi leche caliente mezclada con el flujo de Eva sobre sus tetas y dentro de su coño también. Tras terminar ya era muy tarde. Habíamos estado follando como animales y nos entró mucha hambre y cansancio. Le dijimos a Eva, ahora ya mucho más relajada y menos tímida, que se quedara a cenar y a dormir en casa, y ella aceptó con gusto. Cenamos desnudos en la cocina y mientras lo hacíamos los tres notamos y comentamos lo mucho que habíamos disfrutado, además del fuerte olor a sexo que despedíamos y que volaba en el ambiente. Luego nos duchamos y nos acostamos los tres juntos en nuestra cama de matrimonio y dormimos toda la noche. Al final la sorpresa fue para mí. Cumplí mi fantasía y no le fui infiel a mi novia, todo lo contrario porque encima ella disfrutó muchísimo también, lo que me alegró más. Esta experiencia avivó mucho el sexo entre los dos y ya me ha comentado que tenemos que volver a repetirlo. Yo no dudaría en repetirlo porque sin duda, ha sido una experiencia muy intensa e inolvidable. Si lo repetimos, a lo mejor os lo cuento.

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El año pasado mi esposa y yo tuvimos nuestro primer intercambio con una pareja desconocida del todo para nosotros, cabe mencionar que May como se llama mi esposa es guapa con unas caderas preciosas y una cara angelical y eso si muy caliente porque no costo nada de trabajo en convencerla para ir al club de hecho ella fue quien inicio con el flirteo con la pareja americana con la cual jugamos. Un día Jueves recuerdo que mientras nos encontrábamos mi esposa y yo cogiendo le dije al oído que me gustaría verla culear con otro hombre y ella me dijo con cara de picara que estaba loco pero sentí que la deje con la mente trabajando a 100 ya que en la ciudad de México una vez cuando radicábamos ahí queríamos asistir a una casa particular donde darían una fiesta y donde yo previamente había hablado para ponerme de acuerdo con la anfitriona que solo queríamos ver a otra pareja cogiendo ya que esa era nuestra fantasía en ese tiempo. Ese día no pudimos encontrar la dirección y tuvimos que regresar al departamento frustrados ya que no se había podido realizar nuestra fantasía pero siento que desde ese momento los dos nos quedamos con la inquietud en el ambiente swinger. Después de un año me cambiaron por cuestiones de trabajo a los Estados Unidos y mi esposa y yo siempre que cogíamos nos acordábamos de aquella fantasía no completada y así fue un día sábado del mes de Mayo del ano pasado como a las 7 de la noche cuando nos dirigimos hacia el lugar donde se encuentra el club no sin antes dejar a nuestras hijas en la casa de la niñera. Mi esposa se había rasurado su vagina y se había puesta una falda un poco entallada con las mejores bragas que tiene, yo me había rasurado ya que unas de las recomendaciones de este club es la limpieza personal y la obligación del uso del condón, mientras iba manejando mi esposa y yo platicábamos de todo tipo de temas pero sentíamos un cierto dolor de estomago, si como cuando uno tiene su primer amor.

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Escrito por: Miguel | 10:55 AM | Comments (0)